25.6.05

Arquitectura nueva en Córdoba

Dado que Córdoba no es conocida por su industria sino por su legado histórico, quisiera subrayar la importancia que tiene para la ciudad el rumbo que tome la cultura en los próximos años. Para ello me gustaría señalar que no existe separación entre nuestra Historia y la modernidad.
Las artes plásticas y la arquitectura, hechas hoy, conforman un nuevo eslabón en esa larga cadena que llamamos cultura. No hay incisos. Cualquier edificio nuevo tiene por tanto su resonancia en el patrimonio.
Esto invita a entender la conservación del casco histórico y la arquitectura venidera como disciplinas contiguas. Por ejemplo, La Mezquita y el Palacio del Sur de Koolhaas, convivirán en la mirada contemporánea del paseante. Lo mismo pasa en las artes plásticas: la decoración color almagre en las dependencias de Medina Azahara, pertenece a la misma cultura visual que un cuadro de Julio Romero de Torres; el trabajo del Equipo 57; las jaulas desvanecidas de Pepe Espaliú; o las experimentaciones fotográficas mediante la telefonía por algún artista local. Todo ello es arte hecho en Córdoba, y todo ello confluye en nuestro presente.
Igual que las producciones artísticas nuevas, toda obra de arte antiguo pertenece también al momento actual, puesto que es hoy cuando gozamos de su contemplación. Sólo la persona que mira es capaz de dotar al pasado de actualidad. Por desgracia, del orgullo y la ignorancia nace el esnobismo, que es la presunción desmedida por la última tendencia, también la incapacidad para apreciar el lenguaje perenne, y por tanto contemporáneo, del arte de épocas pasadas.


El artista de hoy (desde su total libertad de expresión, para ello es artista), debería tener a su vez, conocimiento del relevo que le cede la historia. Su trabajo está destinado a convivir en la actualidad con el legado cultural que ya tenemos.

En este aspecto es especialmente relevante la arquitectura. Por ejemplo, el caso del rascacielos del arquitecto Ferrater en el solar del antiguo Hotel Melía, carecía de esta sensibilidad. Los 70 metros de altura iniciales no contemplaban convivir en armonía con la cultura que poseemos. Ferrater no estaba teniendo en cuenta la ubicación de su torre. La prueba de ello es que se ha retractado. Estos días, hemos leído en la prensa que se reconsidera la idea inicial del edificio que pudimos ver en la web de Ferrater. No hay artistas dioses, todo el mundo se equivoca, hasta los arquitectos. Ahora bajan la altura del edificio de 70 a 45m. Aún con esta sabia rectificación, sigue siendo una torre muy alta, dado su emplazamiento junto a la Puerta de Almodóvar y la Judería. Córdoba no será más moderna si apostamos por una arquitectura de puerto marítimo y deportivo, propia de Benidorm, Marbella o Barcelona. El edificio de Ferrater será arquitectura cordobesa cuando esté construído, por lo tanto, ¿por qué no plantearlo a la medida de la singularidad de nuestro urbanismo desde el principio? ¿No estamos en Córdoba, una ciudad con personalidad propia?. Cuando se propone un rascacielos a unos 50 metros de la judería, se está ignorando esa cadena cultural que vertebra nuestra identidad. Sin un estudio detallado del impacto en el entorno, da la impresión de que Ferrater nos planteaba un edificio predeterminado, algún proyecto guardado en una carpeta y elegido para la ocasión.

Ahora tenemos la gran oportunidad de dar un paso importante y razonado hacia el progreso de nuestra cultura. Aportar un eslabón más a la cadena.
Aquella Córdoba construída en los años 50, 60 y 70, con nombres como Rafael de La-Hoz, Gerardo Olivares, José Chastang, el Equipo 57, las contribuciones plásticas para la arquitectura de Antonio Povedano y Tomás Egea, y tantos otros que trabajaron desde el compromiso con la cultura, tienen ahora su continuación en la nueva ribera de Juan Cuenca, el futuro centro de arte contemporáneo, la nueva sede de la Fundación Botí, el Palacio del Sur de Rem Koolhaas; aportando contemporaneidad, una vez más, a la historia de nuestra ciudad.


Los que vivimos en Córdoba somos los más indicados para tutelar la ciudad, igual que los sevillanos hacen con Sevilla, o los barceloneses con Barcelona. La apatía, mal llamada senequismo, es nuestro peor enemigo.

Con respeto, pero con derecho a opinar, pido sensibilidad a Rosa Aguilar, a demás políticos y urbanistas, por supuesto a constructores, a Ferrater; y recordarles una vez más que Córdoba será una ciudad moderna, en la medida que mostremos sensibilidad y reflexión hacia nuestra identidad, sabiendo que una sóla actuación urbanística equivocada, resonará como un ruído molesto y eterno sobre toda nuestra cultura.
Ser contemporáneo es saber coger el relevo, y para saber hacia dónde vamos, hay que empezar por recordar de dónde venimos.


Miguel Gómez Losada
http://www.lacalledecordoba.com/noticia.asp?id=12135